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el paralelo y el meridiano

lunes, 12 de diciembre de 2011


Manuel Vicent, en su novela "León de ojos verdes" que sucede en el Voramar, escribía unas líneas con las que muchos nos hemos identificado en algún momento de nuestra vida. Era un diálogo entre el joven protagonista y su viejo amigo:

—Cuando miro esas ciudades en el atlas con sus mares lejanos, parece que están a mi alcan­ce con sólo señalarlas con el dedo. Las imagino lle­nas de emociones y de aventuras. Un día me iré. 
—Vete si quieres, pero antes mira si hay algo que valga la pena a tu alrededor.
 —En Castellón no hay nada, doctor, nunca pasa nada. Por aquí sólo pasa el paralelo cuarenta y el meridiano cero —exclamé con un falso desánimo sólo por hacer un alarde de ingenio.
 —Bueno, ¿te parece poco? —exclamó el doc­tor con el énfasis de quien acaba de descubrir un hecho muy importante que había ignorado.

Todos hemos sentido la necesidad de huir de nuestra ciudad en busca de otros horizontes; de otros aires; de otros porcentajes de paro; esa necesidad es intrínseca al ser humano y aumenta si hablamos de un 'homo castellonensis'. Pero da igual lo lejos que estemos, siempre encontraremos el camino a casa, solo hemos de buscar en un mapa el punto donde se cruzan el paralelo 40 y el meridiano 0, el de Greenwich.

Si seguimos fielmente a nuestro GPS entonces apareceremos aquí, en el parque del Meridiano. Este desconocido lugar (aunque aparezca marcado con una X en todos los mapas) está precioso en estas fechas, con las hojas en el suelo, el reflejo en la acequia, el silencio... se accede por el camí La Plana girando a la izquierda por el camí de la Donació. Una buena idea es pasear en bicicleta entre las acequias, los huertos, los chalets y los cientos de giros escondidos que nos esperan a sólo 10 minutos del centro de la ciudad.

¿Habéis pensado en salir de aquí? ¿Lo habéis hecho? ¿Dónde nos recomendáis escondernos de nuestros dirigentes y vecinos? Está bien irse, pero hay que saber si algo merece la pena a nuestro alrededor.



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